Hay amores que nunca llegan a cumplirse
y, sin embargo, nos acompañan toda la vida.
Permanecen allí donde el tiempo guarda las cosas que perdimos
y aquellas otras que nunca llegamos a tener.
Tú fuiste uno de esos amores.
Sé en qué momento nuestros caminos se separaron
y cuántas palabras quedaron sin decirse
en aquellas mañanas hoy tan lejanas
tu silla junto a la ventana, a medio metro de la mía.
Una vez me preguntaste en qué pensaba.
Nunca te lo dije.
Después pasaron los años.
Yo seguí esperando un amor que no llegó,
viendo pasar las estaciones
y cómo otros construían sus vidas
mientras la mía permanecía abierta.
Tú también buscaste la felicidad.
Conociste la ilusión de compartir una vida
y la tristeza de un amor que se deshace,
cuando ya no quedan palabras
capaces de detener una despedida.
Tampoco la vida fue generosa contigo.
Demasiado pronto,
algo oscuro e irremediable
apagó tus días.
Que poco tiempo para tantos sueños
Cuantos amaneceres te quedaban por vivir
Cuántas primaveras esperaban todavía tu mirada.
Cuantas cosas quedaron sin suceder
A veces pienso en ti
y me pregunto qué habría sido de nosotros
si aquella mañana te hubiera contestado
si una palabra, en el momento preciso
hubiera abierto otro camino...
Pero el pasado no responde.
Sólo me devuelve tu voz,
cada año un poco más lejos,
y la certeza de que nada puede cambiarse.
Y, sin embargo,
algo en mí se resiste
a creer que todo termina aquí.
Quisiera pensar que la muerte
no borra cuanto hemos sido,
que algo de nosotros espera
más allá de la última noche,
donde el tiempo ya no existe.
¿Se acordarán nuestras almas?
Cuando no quede memoria de nuestros rostros
ni de las calles por las que caminamos,
cuando el mundo haya olvidado incluso
que una vez estuvimos vivos,
¿quedará algo de aquel amor?
Tal vez volvamos.
En otro tiempo,
bajo un cielo que nunca hemos contemplado,
con otros nombres, otros cuerpos, otras vidas
sin saber que ya hemos vivido antes.
Quizá tú seas entonces una muchacha
que pase junto a mí cualquier mañana,
y yo un desconocido que se detenga
sin entender por qué tu presencia le resulta tan cercana
Nos miraremos.
No recordaremos nuestros nombres,
ni ese amor que quedó sin cumplirse,
ni la muerte que te llevó tan pronto.
Pero quizá nuestras almas sí recuerden.
Quisiera creer que habrá otra oportunidad,
otra vida en la que ninguna despedida llegue demasiado pronto
y podamos recorrer juntos
los años que en ésta nos fueron negados.
No sé si existe esa vida,
ni si las almas sobreviven al olvido,
ni si el universo concede una segunda oportunidad
a quienes no supieron encontrarse.
Pero ahora que tengo más pasado que futuro,
me gusta imaginar que en alguna parte
ya está naciendo el mundo
en el que volveremos a conocernos.
Y que esta vez,
cuando nuestros ojos se encuentren,
no dejaremos que la vida pase de largo.
Tal vez entonces, sin saber por qué,
me preguntes en qué pienso.
Y yo, sin saber por qué,
sepa contestarte.
Acaso la eternidad no sea otra cosa
que el tiempo que necesitan dos almas
para volver a encontrarse.
esta vez
ojala lleguemos a tiempo
