De aquel lejano septiembre
queda el recuerdo de la luz mortecina del aula
un pupitre vacío
y el sitio de tu silla junto a la ventana
Llegaste cuando la vida cabía
queda el recuerdo de la luz mortecina del aula
un pupitre vacío
y el sitio de tu silla junto a la ventana
Llegaste cuando la vida cabía
en una pequeña mirada,
cuando la felicidad dependía
cuando la felicidad dependía
apenas de una sola palabra
Delante, detrás, al lado,
Delante, detrás, al lado,
siempre cerca, siempre estabas.
Me bastaba con girarme
Me bastaba con girarme
para encontrar tu mirada.
Tan cerca que yo escuchaba tu respiración
Aún no me habías negado nada.
Pero sufría la ausencia
y el dolor que puede caber
Tan cerca que yo escuchaba tu respiración
antes de escuchar tus palabras
mientras a mí se me olvidaba hacerlo
mientras a mí se me olvidaba hacerlo
cuando más cerca te encontrabas
Un desliz puso en boca de otros
lo que yo no me atrevía a decir.
Un desliz puso en boca de otros
lo que yo no me atrevía a decir.
No hacía falta confesar nada:
yo, que bebía por ti los vientos,
lo llevaba escrito en la cara.
yo, que bebía por ti los vientos,
lo llevaba escrito en la cara.
Yo sé que tú también lo sabías, y callabas.
Ni un gesto de burla,
ni una palabra de más.
Llenabas mi vida
con sólo estar allí sentada.
«—¿En qué piensas? Me dijiste un día».
Yo bajaba los ojos,
Ni un gesto de burla,
ni una palabra de más.
Llenabas mi vida
con sólo estar allí sentada.
«—¿En qué piensas? Me dijiste un día».
Yo bajaba los ojos,
miraba hacia la mesa
y no te contestaba.
Si hubieses acercado la mano a mi silencio,
habrías sentido tu nombre latiendo por debajo.
Si hubieses acercado la mano a mi silencio,
habrías sentido tu nombre latiendo por debajo.
Callé.
Temía que una palabra mía provocase tu rechazo
Aún no me habías negado nada.
Pero sufría la ausencia
y el dolor que puede caber
en una respuesta imaginada.
Me daba miedo aquel «no»
Me daba miedo aquel «no»
que nunca dijiste.
Bastaba imaginarlo en tu boca
Bastaba imaginarlo en tu boca
para bajar la mirada.
Fui cobarde. Lo sabía.
Prefería tenerte cerca
a arriesgarme a perderte.
Por eso seguí soñando.
Por eso seguí en mi sitio.
Tú, a medio metro de mí.
Yo, sin saber cómo alcanzarte,
mirándote otra vez
mientras tú me preguntabas.
Ahora quisiera detener una de aquellas mañanas.
Que el reloj no avanzase.
Que el curso no terminara.
Tu mesa.
Prefería tenerte cerca
a arriesgarme a perderte.
Por eso seguí soñando.
Por eso seguí en mi sitio.
Tú, a medio metro de mí.
Yo, sin saber cómo alcanzarte,
mirándote otra vez
mientras tú me preguntabas.
Ahora quisiera detener una de aquellas mañanas.
Que el reloj no avanzase.
Que el curso no terminara.
Tu mesa.
Mi silla.
Las voces alejándose del aula.
Tú delante.
Tú detrás.
Tú a mi lado.
Tan cercana.
Y oír de nuevo tu pregunta:
«¿En qué piensas?».
En ti.
En quedarme aquí contigo.
En que nunca acabe esta mañana.
Tú delante.
Tú detrás.
Tú a mi lado.
Tan cercana.
Y oír de nuevo tu pregunta:
«¿En qué piensas?».
En ti.
En quedarme aquí contigo.
En que nunca acabe esta mañana.
Escrito en 1984 dentro del libro de poemas "Queman las palabras" extraviado en 1987. Reconstruido en octubre de 2026.
