Sombras tras los visillos

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Entre la memoria y lo imposible

Carlos Albillo Torres

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lunes, 10 de agosto de 2026

Estampas: El tunel del Plazaola

La cuesta hacia abajo resulta cómoda. Es de madrugada. La calzada está vacía. El ruido de la ciudad nocturna queda a mis espaldas, tras las puertas de los pubs y de los bares. Solo el sonido discontinuo y vacilante de mis pies. Nadie cerca.

Unas escaleras de piedra. Bajo con cuidado. Un túnel oscuro alumbrado por una luz amarillenta. A través de él, en otro tiempo, cruzaba una ruidosa y traqueteante locomotora. Por encima del túnel, la avenida. Qué silencio. Qué extraño estado, intermedio entre el sueño y la obnubilación alegre de la mente. Parece irreal. Sensación lúcida y diferente.

He atravesado el túnel; la boca oscura ha quedado atrás. Ante mí, el puente sobre el río, y al final una calle y las primeras casas del barrio. El río navega silencioso, en la oscuridad de sus aguas. Me detengo a contemplar el lecho del río.

Siento algo agradable: la soledad de la contemplación en una madrugada silenciosa y serena. Allá, sobre la meseta, se erige la ciudad, las casas viejas amontonadas, las luces encendidas como velas en la lejanía, las murallas como vestigio histórico que resiste y a la vez es huella del paso del tiempo.

Belleza de las cosas pequeñas, de lo cotidiano: un río, un túnel abandonado bajo la avenida, una visión nocturna y solitaria de la ciudad. Camino a casa, y en el silencio me acompaña todavía el rumor del agua fluyendo. 

Pamplona. septiembre de 1983