Sombras tras los visillos

Sombras tras los visillos

Entre la memoria y lo imposible

Carlos Albillo Torres

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jueves, 24 de septiembre de 2026

Ondina. Barón de la Motte Fouqué

Este cuento lo leí en torno a 1984 en la edición de Obelisco Fantástica y guardo un grato recuerdo de él. Publicado por primera vez  en 1811, es uno de los cuentos románticos alemanes más influyentes. Su argumento es el siguiente: El caballero Huldbrand de Ringstetten atraviesa un bosque encantado para demostrar su valor a la dama Bertalda y llega a la cabaña de un viejo pescador, en una lengua de tierra junto a un lago. El pescador y su mujer crían a Ondina, una muchacha bellísima, caprichosa e indómita que apareció en su casa el mismo día en que se ahogó su propia hija pequeña. Una crecida de las aguas aísla la cabaña, y Huldbrand se enamora de Ondina. Cuando llega un sacerdote extraviado, los casa.Tras la boda, Ondina cambia por completo: se vuelve dulce, humilde y reflexiva. Revela a su esposo que es un espíritu del agua y que las ondinas carecen de alma. Solo pueden obtenerla uniéndose por amor a un ser humano, y el precio es asumir también el sufrimiento humano. Su tío Kühleborn, un espíritu de las aguas violento y receloso, vigila la unión.

En la ciudad reaparece Bertalda. Ondina, que conoce el secreto, revela públicamente que Bertalda es en realidad la hija perdida de los pescadores. Bertalda, altiva, reniega de sus humildes padres y pierde su posición, y Ondina, compasiva, la acoge en el castillo de Ringstetten. Poco a poco Huldbrand se aleja de su esposa y se siente atraído por Bertalda. Para protegerlos del hostigamiento de Kühleborn, Ondina hace sellar con una gran piedra el pozo del castillo. Pero durante un viaje por el Danubio, Huldbrand, exasperado por los prodigios de los espíritus, la increpa sobre el agua, precisamente lo que ella le había rogado que nunca hiciera. Ondina desaparece en el río, obligada a volver a su elemento.

Huldbrand se casa con Bertalda. Ella manda retirar la piedra del pozo, y de él surge Ondina, velada y llorando: la ley de los espíritus la obliga a castigar la infidelidad. Da a Huldbrand un beso que le causa la muerte. En el entierro aparece una figura blanca que se arrodilla junto a la tumba y se disuelve en un manantial que rodea la sepultura, como si Ondina abrazara para siempre a su esposo. La obra combina el folclore de los espíritus elementales, tomado de Paracelso, con una reflexión sobre el alma como don doloroso y sobre la fidelidad. Inspiró óperas de E. T. A. Hoffmann y Lortzing, el ballet Ondine y, de forma indirecta, La sirenita de Andersen y la Ondine de Giraudoux.